Primero se procederá al vaciado usando unas tijeras de cocina y un cuchillo bien afilado. Colocamos el pollo tumbado de espaldas y con el cuchillo cortamos el cuello por la zona más cercana al cuerpo. Se mete el dedo índice en la cavidad, extrayendo y arrancando el buche. Se cortan las patas y el nacimiento de la cola y parte baja del vientre, ensanchando la cavidad y extrayendo tripas, molleja e hígado, cuidando no romper la hiel. En esta operación deberemos ser extremadamente cuidadosos, pués no debe mancharse el interior del ave con los residuos del buche o intestinos. Si esto ocurriera, no debe lavarse el interior, sino quitar los residuos con la mano y secar con un paño.
Después de vaciado el pollo se pasa por una llama de alcohol, para eliminar la pelusa o cañones de plumas que puedan haber quedado.
Si el pollo se deja entero, para asarlo se lava y se seca adecuadamente, sazonándolo y disponinedolo para cocinar.
En caso de utilizarse troceado, lo más corriente es dividirlo en cuartos; los dos superiores o pechugas son las partes blancas y las inferiores o rojas corresponden a los muslos. Se corta de este modo para asar a la plancha o parrillas. Para cocinar en salsas o freir se divide en octavos y hasta en dieciseiavos, si el tamaño lo permite.
Los pollos muy pequeños se preparan generalmente fritos o con tomate, reservándose los mayores para asados o guisados.
Cuello, patas, molleja y espinazo se aprovechan para caldos y sopas.